El flamenco y el jazz comparten elementos similares de improvisación y estilo libre. Además, ambos hacen uso del concepto de llamada y respuesta (un artista ofrece una frase y el segundo responde con un comentario). De este modo, al igual que los músicos de jazz, los artistas flamencos se comunican constantemente entre sí con su arte y se retroalimentan.
Este tipo de comunicación musical se presta fácilmente a la improvisación. Esto es especialmente cierto en el flamenco, donde técnicamente no existen las canciones. Es decir, la estructura contiene versos que nunca se repiten. Cada interpretación es totalmente única.
Esto concuerda con la afirmación de Lorca: "... es imposible que se repita nunca, y es importante subrayarlo. El duende no se repite nunca, como no se repiten las olas del mar en una tormenta”.
Cuando los artistas flamencos se comunican entre sí en el escenario y luego establecen una fuerte conexión con el público, el duende desempeña sin duda un papel importante. El duende flamenco aparece con más frecuencia cuando los artistas improvisan y simplemente se sumergen en la actuación, liberando emociones puras. Como se suele decir, no se trata de las notas que se tocan, sino de cómo se tocan.